¿Qué es la hiperactividad?
El trastorno por déficit de atención con hiperactividad o TDAH se presenta de forma distinta en cada persona, pero la mayoría de los síntomas son clasificados bajo la misma categoría denominada, Funciones Ejecutivas. Estas son aquellas capacidades cerebrales que nos permiten operar de la forma en que lo deseamos. Hay algunas funciones ejecutivas estrechamente relacionadas con lo que comúnmente se entiende como TDAH. Funciones como la atención, la concentración o la capacidad para recordar pequeños detalles. No obstante, los síntomas de este trastorno pueden incluir problemas con otras funciones, como organización, manejo del tiempo y control de impulsos y emociones.
La ciencia todavía no ha logrado explicar qué es lo que ocurre con el cerebro de una persona con TDAH. En gran parte debido a las dificultades técnicas para observar un cerebro en funcionamiento. Por esta razón, el estudio del trastorno se ha enfocado en la observación de conductas y el desarrollo de teorías a partir de estas observaciones. Es por esta causa, y quizá por el propio nombre del trastorno, que mucha gente, incluyendo profesionales de la salud mental, tienen a describir esta condición como un exceso de energía ya sea a nivel corporal o cerebral. Esto también ha desembocado en una tendencia a recetar medicamentos o actividades que combatan este supuesto exceso energético, lo cual es un problema bastante grave.
Teoría de la baja excitación
Los estudios más recientes sugieren todo lo contrario, por lo que han sido condensados en la llamada teoría de la “baja excitación”, o “Low Arousal Theory” (en inglés, puesto que no existe una traducción oficial de esta teoría hacia el español). Esta teoría sugiere que las personas con TDAH tienen cerebros severamente carentes de excitación, por lo que el trastorno podría ser tratado con estimulantes. En este contexto es necesario aclarar que una carencia de excitación en el cerebro significa que existen ciertas áreas del mismo con menor actividad neuronal, es decir, que las neuronas no se ven en actividad o que los neurotransmisores no están fluyendo de forma apropiada. Esta condición cerebral incentivaría al individuo a buscar estímulos en su medio ambiente para así incentivar a la activación neuronal, lo cual visto desde afuera podría aparentar hiperactividad o inatención.
Si seguimos esta hipótesis concluimos que el TDAH está directamente relacionado con la absorción de dopamina, un neurotransmisor directamente asociado al sistema de respuestas de placer y recompensas del cerebro. Más dopamina implica una sensación de recompensa mayor. Existen dos niveles medibles de dopamina a nivel cerebral: tónica y fásica. El nivel tónico da cuenta de cuanta dopamina existe entre las neuronas, mientras que el nivel fásico mide cuanta dopamina es liberada por las neuronas ante un estímulo. Un nivel alto de dopamina tónica hace que el nivel fásico disminuya, ya que el cerebro entiende que hay suficiente dopamina fuera de las células, pues no es necesario liberar más. En el caso de las personas con TDAH ocurre lo contrario: mantienen un nivel tónico bastante reducido, por lo que las neuronas deben liberar mucha más dopamina aumentando el nivel fásico.
¿Qué significa esto y como se relaciona con las conductas asociadas al TDAH?
Pues los bajos niveles de dopamina tónica implicarían que la persona requiere de estímulos mucho mayores para que este neurotransmisor fluya de la manera en que lo haría en una persona sin este trastorno. Por ende, esto significa que la persona con TDAH será muchos más sensible a los estímulos del medio ambiente. Una persona puede dejar de lado sus tareas o su trabajo para explorar algún estimulo nuevo, solo para ser atraído a otro estimulo apenas sea captado.
Ante esto, los estimulantes como medicación, actuarían liberando dopamina hacia afuera de las neuronas para así compensar los niveles de dopamina tónica y que por ende la persona no tenga la urgencia de buscar estímulos externos que le ayuden a liberar dopamina. Los estimulantes bien pueden frenar la reabsorción de dopamina o estimular su liberación, facilitando el proceso de atención y el tiempo que una persona es capaz de mantenerse atento a una tarea. No obstante, estos estimulantes deben ser ingeridos con cuidado, pues altas dosis pueden producir efectos secundarios como problemas para dormir, problemas de corazón y alucinaciones.

Este descubrimiento tiene enormes implicaciones para la psicología. Permite comprender mejor como ayudar a una persona que sufre de este trastorno o de síntomas asociados al mismo. De la misma forma ayuda a abandonar el mito de que las personas con TDAH sufren de un exceso de energía. Esto ha causado erroneas recomendaciones de realizar actividades para redireccionar o deshacerse de esta energía; algunas de las cuales pueden requerir atención y concentración (como los deportes o los juegos de mesa) que empeoren el problema.
Un reto para la paicología
Es importante recordar que el TDAH es un trastorno psicológico, por lo cual solo es posible hablar de un diagnostico cuando los síntomas interrumpen el proceso de una vida normal o satisfactoria. Es por esta razón que cualquier síntoma asociado al TDAH o cualquier otro desorden psicológico puede ser controlado si se adapta el entorno a la condición del cerebro o si se trabaja a nivel cerebral para cambiar y corregir la forma en que opera. Si usted, sus hijos o algún amigo o familiar sufren de síntomas asociados al TDAH es importante recordar que no se trata de un tema de límites o esfuerzo por mantener la atención en una actividad, se trata de un desorden que afecta a la química del cerebro.
Es importante también recordar que en cuanto a psicología se refiere, la normalidad es muy subjetiva y que un trastorno no es una condena ni una etiqueta que alguien puede imponer sobre usted, y que de igual forma, en el caso del TDAH existen tantas ventajas como desventajas. La medicación no es la única alternativa para combatir los impedimentos que acarrea este trastorno. Existen herramientas como meditación, mindfulness, estimulación controlada y cambios insignificantes en la vida diaria que pueden beneficiar a quien sufre de este trastorno. Sin embargo, y si bien el TDAH no empeora con el tiempo, es importante un diagnóstico confiable y a tiempo para poder ayudar a la persona. Recuerde que los efectos sociales y académicos de este desorden pueden alterar la vida cotidiana de forma desfavorable e irreparable.
Fabrizio Ramírez L.
fabrizioramirez@imagopsicologia.com



