Homeopatía y el efecto placebo

La homeopatía en Quito se ha vuelto una las alternativas a la medicina tradicional más populares hoy en día. No es, sin embargo, una práctica libre de controversia, pues mientras mucha gente aboga por sus beneficios, otros se mantienen escépticos ante estos testimonios. En nuestro país, así como en gran parte del mundo, la controversia respecto a la homeopatía se ha enfocado en considerarla una alternativa más saludable y menos invasiva que la medicina tradicional. A pesar de su popularidad, poca gente conoce en realidad qué es y cómo trabajan los medicamentos homeopáticos en nuestro cuerpo.

La homeopatía se fundamenta en dos principios filosóficos y científicos para formular su teoría. El primero de ellos, es la llamada “ley de la similitud”, la cual propone que lo similar cura lo similar. Esto significa que para curar una enfermedad, es necesario emplear sustancias similares a la propia enfermedad. Los remedios homeopáticos usan ingredientes que causan los síntomas que buscan curar, por ejemplo, la belladona es utilizada para curar la fiebre, a pesar de que esta es una planta cuya ingestión tiende a causar fiebres elevadas. Esta idea de emplear una sustancia asociada a la enfermedad para así incrementar las defensas del cuerpo, es el mismo principio bajo el cual se crean las vacunas. No obstante, hay una diferencia fundamental que veremos más adelante.

El segundo fundamento de la homeopatía es el principio de potencializacion, es decir, el proceso mediante el cual una sustancia es tratada para convertirla en un medicamento efectivo. Este proceso se lleva a cabo en dos partes. Primero, se busca diluir la sustancia en agua, para posteriormente agitarla a fin de extraer los poderes curativos de la sustancia madre o ingrediente activo. Este ingrediente es primero disuelto en agua, esto se conoce como “desconcentración”. Los homeópatas toman una parte del ingrediente activo y lo mezclan en nueve partes de agua. Luego, se lleva a cabo el proceso de dinamización, mediante el cual se agita la mezcla, obteniendo una sustancia conocida como “potencia 1x”: 1/10 de ingrediente y 9/10 de disolvente. Se vuelve a repetir el proceso. Se toma una parte de 1x y se lo disuelve en nueve partes de agua creando lo que se llamaría “potencia 2x”. Se repite este proceso una y otra vez hasta hallar en nivel de potencia aspirado y se lo ingiere oralmente, ya sea de forma líquida o concentrada en pastillas de azúcar.

Muchos de los medicamentos homeopáticos son, por ejemplo, potencia 20x, el cual vendría a ser el equivalente a diluir una aspirina común en el océano atlántico. Eso nos ayuda a comprender la ínfima cantidad del ingrediente activo que realmente ingerimos al consumir uno de estos medicamentos.  Sin embargo, muchos otros medicamentos son incluso más extremos. La mayoría de medicamentos homeopáticos se catalogan como “30C”. La letra C en remplazo de la X implica que el ingrediente activo ha sido diluido en noventa y nueve partes de agua, por lo que realizando un cálculo básico podemos afirmar que un medicamento 30C equivale a 1 parte del ingrediente y 1´000´000´000´000´000´000´000´000´000´000´000´000´000´000´000´000 partes de agua. Este cálculo implica que efectivamente, los medicamentos homeopáticos son realmente 100% agua. Esto ha sido demostrado por diversos estudios en los cuales se asegura que una sustancia “potencia 30C” no contiene ni un solo átomo del ingrediente activo que se promociona en el empaque.

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Es aquí donde se diferencian del principio de vacunación y de la medicina tradicional. Pues mientras la medicina sostiene que mientas mayor sea la cantidad del ingrediente activo, mayor serán sus efectos, la medicina homeopática sostiene lo contrario, defendiendo que mientras más diluido se encuentre el ingrediente, mayores serán sus efectos. Esto parecería no tener sentido, sin embargo, la explicación de los homeópatas es que en cada proceso de desconcentración y dinamización, el ingrediente deja detrás de sí una esencia de sí mismo en el agua. Esto se sustenta en la hipótesis de que el agua tiene memoria, y que recordará la sustancia que atravesó por ella. Esto por su puesto no contiene ningún tipo de respaldo científico, y de hecho que no tiene lógica, pues si el agua recordara cada sustancia que atravesó por ella y trasmitiera sus efectos hacia el cuerpo humano al ingerirla, entonces cada bocado de agua que probamos sería una muy potente mezcla homeopática de todo el contenido del océano y los ríos.

Otra cosa que parecería no tener sentido, es cómo la homeopatía ha logrado ser tan popular en todo el mundo, si básicamente se trata de ingesta de agua y azúcar. Esto, sin duda, tiene una explicación, para lo cual nos referiremos a su historia y a la historia de la medicina tradicional. Es importante considerar que la homeopatía no es una práctica nueva, ya que surgió hace más de 200 años. En el siglo XIX la medicina era realmente diferente a como es ahora. Los tratamientos eran muy violentos y experimentales, por lo que en muchas ocasiones resultaban dolorosos, ineficientes y hasta inhumanos, además del agregado de que en muchos casos dejaban al paciente en peor estado del que se encontraba originalmente. En este contexto surge un doctor alemán llamado Samuel Hahnemann, quien propone la homeopatía como una alternativa no invasiva, sin ningún tipo de riesgo y relativamente accesible.

La homeopatía adquirió popularidad inmediata, pues dada la opción, cualquier persona elegiría un tratamiento libre de dolor en lugar de un tratamiento largo y penoso. Las sustancias diluidas, no obstante, no eran todo el tratamiento, pues Hahnemann imponía condiciones muy estrictas a sus pacientes respecto a su estilo de vida para garantizar el existo de sus medicamentos. Estas restricciones prohíben el consumo de carne, lácteos, té, tabaco, azúcar, además de prohibir el uso de lana, montar a caballo, dormir siestas, cualquier tipo de práctica sexual; también hace obligatorio el ejercicio físico, el mantenerse alejado de climas fríos, y muchas cosas más. Por su puesto todas estas recomendaciones son ignoradas el día de hoy.

Hoy en día la medicina ha avanzado mucho y ha cambiado nuestras vidas, haciéndolas más largas y más saludables que nunca antes en la historia de la humanidad. Se puede atribuir esto a diversos factores, sin embargo es innegable que la medicina ha realizado grandes aportes mediante investigación responsable, maquinaria de diagnóstico y desarrollo de tratamientos científicamente comprobados. Gracias a décadas de estudios como estos, hoy sabemos que la homeopatía no tiene ningún efecto en nuestro cuerpo. Y sin embargo, no es raro hallar testimonios de quienes han salido de enfermedades crónicas con este tratamiento. ¿Cómo se puede explicar aquello? Pues la respuesta tiene que ver con el campo de la psicología. Se ha demostrado que la homeopatía tiene las cualidades para ser un fuerte placebo.

El efecto placebo es una realidad y todos somos vulnerables a él, sin importar que tan inteligentes o conscientes seamos. El efecto placebo es un efecto psicosomático, el cual permite que si una persona cree firmemente en que una medicina lo curará de algún malestar, esta dará resultado por el propio hecho de la fe con la cual se la consuma. Se han realizado innumerables estudios donde varios pacientes reciben píldoras de azúcar creyendo que son medicamentos nuevos y revolucionarios. Muchos de estos pacientes han mejorado sus síntomas sin ninguna explicación orgánica. Si bien no se entienden las implicaciones de su efectividad, se cree que el efecto placebo ocurre debido a que las expectativas de mejorar reducen la ansiedad mejorando el flujo de endorfinas, la presión arterial y el flujo de hormonas, aliviando así diversos síntomas.  También se ha demostrado que este efecto placebo puede ser trasferible hacia niños o hacia animales. Es decir, que si un padre cree en los efectos de un tratamiento, un bebe puede sentir esta confianza y esta tranquilidad que proyectan los padres y aliviarse de algún malestar.  Con los años muchos padres han desarrollado un nivel de confianza tan elevado en la medicina homeopática, que han creado un efecto placebo sobre toda la familia. El efecto placebo ha sido usado durante varios siglos para aliviar a pacientes cuando las medicinas reales no están a disposición o para aliviar malestares psicosomáticos, es decir, que no se alojan en el cuerpo sino en la mente. Hoy en día los placebos casi han desaparecido como tratamiento debido a temas éticos y debido a su impredictibilidad.

La medicina homeopática se presenta a sí misma como una alternativa natural a la medicina tradicional manejada por una codiciosa industria farmacéutica. Y si bien es cierto que la industria farmacéutica internacional emplea la medicina y la necesidad de alivio de la población como plataforma para generar beneficios económicos, lo mismo podemos decir de la medicina homeopática, pues ésta también es manejada por corporaciones farmacéuticas internacionales. El mercado internacional de medicinas homeopáticas mueve billones de dólares cada año.

No obstante, muchos quienes lean esto se preguntaran, ¿Cuál es el daño? Si la medicina homeopática cura únicamente por efecto placebo y no hace daño a quien la consume, qué daño causa a nuestra sociedad. Pues hay varios inconvenientes causados por esta industria. Primero, crea desconfianza en la medicina comprobada. Por ejemplo, la confianza en la medicina homeopática esta correlacionada con el escepticismo respecto a las vacunas. Esto puede hacer que mucha gente deje de buscar ayuda médica cuando su vida o la de otros están en riesgo, poniendo al mismo tiempo la vida de otros en riesgo debido a contagios. Si bien el efecto placebo es una realidad, no es infalible ni predecible, por lo que optar por la medicina homeopática puede significar descartar medicamentos reales que podrían haber curado algún malestar de haber sido consumida a tiempo.

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Es también necesario decir que hay una clave para el éxito de la medicina homeopática que la medicina tradicional debería incorporar, tanto para mejorar su efectividad como para recuperar la confianza de la población. Una consulta con un homeópata es mucho más personalizada y humana que una consulta con un medico tradicional en un centro de salud o en un hospital. Hay que recordar que el malestar físico viene acompañado de malestar psicológico y emocional, por lo que una atención personalizada con empatía y genuina preocupación puede tener beneficios inmediatos para la salud del paciente.

Le medicina moderna es cada vez más eficiente, pero está organizada de forma sistemática de manera que reduce al ser humano a una estadística, ajustando presupuestos para cada paciente y tratándolo como una pieza de mercancía donde se evalúa, se diagnostica y se receta en el menor tiempo posible. Muchas veces los pacientes no saben que es lo que ocurre con su cuerpo ni que es lo que están tomando bajo recomendación de un extraño que mostró poco interés en ellos y que muchas veces ni conocen.

Es necesario que la medicina recupere el interés por el ser humano, viendo individuos en lugar de números o fichas en una tabla. Los avances médicos serán inútiles si nadie está dispuesto a someterse a ellos. La empatía que caracteriza a la homeopatía podría ser el avance medico más eficiente del siglo, pues permitiría que mucha más gente confié y siga los tratamientos comprobados, evitando la necesidad de buscar remedios alternativos ineficientes.

Mcs. Fabrizio Ramirez L.

fabriramir@gmail.com